Me gusta reírme. Hay pocas cosas que me gusten más. Por ende, soy un bromista nato. Últimamente no sé qué ocurre. Quizá es que me estoy volviendo un poquito cabrón, o quizá es que el mundo en general parece andar bastante cabreado y no soporta mucho que le tomen el pelo. Así que cada una de mis últimas bromas, ha afectado a las “victimas” como si de algo horrible y personal se tratara. Solo espero que al llegar a casa, le hayan contado a alguien lo que les ha ocurrido y ese alguien se haya reído y les haya dicho:
−Pues la verdad es que tiene gracia.−
Y la “victima” haya recapacitado y después sonreído. Pero claro, hay tantas verdades como seres humanos. Y cada una de esas verdades es bien diferente según quien la cuente. Algunos de mis últimos intentos de echar unas risas han sido:
Toma 1:
Estoy en el Brico Depôt buscando algunas cosas que necesito para un trabajo. Veo una enorme cabina de hidromasaje y me meto en ella, por el gusto de verla. Una vez dentro, me percato de que parece que estoy en el “Enterprise” (la nave de Star Trek para los poco frikis). Empiezo a toquetearle todos los botones y ruedecitas que tiene y a emitir ruiditos con la boca (si, cuando me meto en el papel, soy así de friki). De repente, siento que alguien está golpeando en la puerta. Me giro y es un dependiente el cual tras abrirle me dice:
−¿Qué haces ahí dentro?−
Y yo sin ningún tipo de filtro, le suelto lo primero que se me pasa por la cabeza (pensado – dicho):
−Estoy intentando tele transportarme a la bañera de mi casa−
El dependiente me invita muy finamente a que me vaya a tomar por culo.
Toma 2:
Una amiga me manda un correo electrónico para tratar de quedar para echarnos un café. Ella está estudiando una carrera y escribe realmente bien. De hecho, a veces me ha amonestado por mis faltas de ortografía. Se ve que aquella mañana me escribió el correo recién levantada y no prestó excesiva atención de lo que ponía porque el texto estaba infestado de faltas. Pegué el texto en el Word para que me resaltara los errores ortográficos e hice una captura de pantalla, la cual adjunté a la respuesta al correo. En la respuesta le puse que no me escribiera más así que me daba vergüenza ajena. A parte de eso, le adjunté un “cuadernillo Rubio” para que se lo imprimiera y practicara. Uno de los más básicos que encontré que consistía en trazar vocales y consonantes. Para culminar el correo le puse literalmente:
“He buscado 1 que se adaptara a tu nivel. Si lo ves demasiado avanzado, me lo dices y ya buscamos otra solución.”
El resultado fue que me retiró la palabra durante algunas semanas.
Toma 3:
Estoy en el Carrefour de Granada. (El de Armilla para más exactitud). Por la distribución de dicho supermercado, es fantástico para realizar una broma muy antigua. Tiene un pasillo central enorme. Mucha gente deja el carro en el central y accede a los pasillos laterales a coger cosas. En ese momento, yo le echo como el que no quiere la cosa una caja de condones y después los persigo disimuladamente hasta las cajas a ver sus reacciones. Hace poco me pilló un hombre dejando caer la caja al carro. Me han pillado mil veces. Pero jamás la cosa había pasado de un:
−Te he pillado. Toma anda y vas y se la metes a otro.−
Este hombre casi me tira un bote (que no se si era de pepinillos, o de banderillas) a la cabeza. Hijo de puta fue lo más suavito que me dijo.
Sólo me queda decir que ojala hubiera más Twinsen en el mundo. De esos que tratan de fastidiarme con sus constantes “está intentando amarrar el barco en el puerto de Santiago”. O más mujeres de esas que son 100% conscientes de que la frase que van a decir va a ser malinterpretada y aun así sueltan cosas como: “César, tenía un cura entre mis piernas”.