Como algunos sabéis, llevo todo este curso lectivo conviviendo con 2 muchachos norte americanos. Uno de ellos se fue hace un par de semanas. El otro aún se encuentra aquí, al menos durante este mes. Y el otro día le tocó enfrentarse a algo que suele resultarnos bastante complicado a todos. Vino su novia acompañada de su “suegra” a la cual aun no conocía, a pasar unos días en el piso. Como por línea general mi vida suele tratar sobre mí (si señoras y señores, niños y niñas, monos culebras y guepardos soy así de egocentrista, que le vamos a hacer xD) voy a relatar esto desde mi punto de vista.
La “fiesta” comenzó el sábado. La casa tenía que estar impecable. Así que me levanté tempranito para encargarme de la cocina y los baños. Tras combatir con monstruos gigantes dentro de la cocina entre ellos los más grandes: uno fabricado de bolsas de plástico dentro de un armario con manos de Mercadona, cabeza de el Corte Inglés, un pie de Eroski y un ojo de Berska y otro monstruo que habitaba dentro del frigorífico.
Tras dejar la casa como una patena, y tras algún que otro retoque al día siguiente, solo quedaba esperar a la llegada. Llegaban justo a la hora en la que yo suelo salir a correr. Así que así fue. Me fui a correr y al volver allí estaban los 3 sentados en el salón. Y aquí comienza la historia.
Yo entre en el salón y como americanos que era lo único que allí había hasta el momento, presupuse que aquello sería como una típica serie americana. Una de esas de sobremesa tipo “cosas de casa”. Así que al entrar yo, espere ese potente estruendo, ese estallido de silbidos y aplausos que se da cuando entra alguien de interés. No se produjo. Espere que en aquel “capitulo”, la suegra venida de otro lugar odiara a muerte al yerno y cada vez que abriera la boca, fuera para soltar un comentario sarcástico que haría que todo el público se partiera de risa. Y mientras, el yerno solo intentara satisfacerla y caerle bien, y con cada intento la cagara un poquito y sonaran de fondo ese tropel de risas enlatadas. Que de vez en cuando entraran por la puerta un montón de amigos o vecinos que parece ser que no se dedican a nada en la vida más que a venir a tratar de meternos en alguna aventura absurda. Y tras una aventura secundaria y todos los errores cometidos por mi compañero de piso. Acabara la suegra diciéndole que fuera él mismo y que si realmente quería a su hija, ella lo veía perfecto. Así esperaba yo que fuera el día. Como en una comedia americana. Con un increíble montón de amigos que se preocupan por lo que me sucede, y unas conversaciones plagadas de frases y palabras geniales y espontáneas. Y que hubiera un buen motón de chicas guapas circulando por todas partes. Pero no es así.
Dada la circunstancia, empiezo a creer que necesito unos cuantos guionistas para mi vida.