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Miedo

Blade Runner

Uno de mis nuevos twitteros, @pixelillo, hablaba el otro día en su blog acerca de la valentía. Hoy hablaré yo, pero no será de la valentía si no, del miedo.

El sábado por la mañana (29 de Mayo de 2010) mientras volvía con mis compañeros de un breve viaje, entre risas y tonterías, alguien pronunció una verdad. Y no importó mucho quien la dijo; solo era el portavoz de un pensamiento unísono: Tenemos miedo a perder el trabajo. Si, tenemos miedo. Miedo a no poder pagar el lugar en el que vivimos, ya que parece ser que para disponer de un trozo de tierra en este planeta “de todos” hay que pagar por ello. Tenemos miedo a perder todo ese conjunto de “commodities” que nos brinda esta sociedad. Tenemos miedo en definitiva de tener que descender en el escalafón, de tener que abandonar la llamada “clase media” y perder ese coche a pagar en 5 años, ese ordenador de sobremesa y su correspondiente portátil a pagar en 2 y esa cámara de fotos junto con la tele plana a pagar en 1. Cosas que nos venden aquellos que están allí arriba porque nosotros los pusimos allí y a los que ahora debemos temer. Ese es el precio de cada cosa. Y ya no se paga con dinero. Ahora se paga con miedo.

Acabaré con una cita de una película a la que le tengo especial cariño. Se trata de Blade Runner. Tras una larga e intensa persecución del replicante Roy, Deckard acaba agarrado a una cornisa. Y Roy, desde la azotea, se pone en cuclillas, mira a Deckard y le dice:

¿Sabes lo que es vivir con miedo? Pues en eso consiste ser un esclavo.

Ideas Muertas

Ideas Muertas

Al principio, la pequeña idea mueve tímida sus bracitos. Está preparada para salir. Pero si hay algo que una idea tiene, es ingenio; y ella sabe que no pude sobrevivir sola en todo un océano electroquímico, que algunos seres inferiores denominan cerebro. Llegó el momento. La idea se da a luz a sí misma; fluye de su propia esencia. Y rápidamente se agarra a una neurona. Esta será su simbiosis. La neurona le concederá refugio y alimento y esta le dará el poder de una idea, la capacidad de creer que es más que las otras neuronas. De que estas la admiren y la veneren y crean que es mejor porque se esforzó más y anhelo una meta más alta. Tontas son y no lo saben. Porque una idea no se hace. Una idea, nace.

No hay que equivocarse. La neurona solo es un medio de trasporte hacia el destino de la idea, hacia su perfección. Pero una idea no puede escoger a que neurona se agarra, y mucho menos a que sujeto pertenece dicha neurona. Y es por eso que al final la mayoría de las ideas mueren. Y si al nacer dan a luz, al morir, se apagan. Es cierto que cada vez que una idea muere dios no mata un gatito. Pero una parte de nosotros se va con la idea y ese trozo de mente que se ha apagado, posiblemente no se vuelva a encender nunca más…